En varias ocasiones la noche, tímida pero engañosa, me invitaba a formar parte de su deseo. Me instaba a mirarla como un objeto de lujuria que tenía en mis manos, a rendirme ante sus suplicas y dejarme llevar por el primer carril de la cual ella me cedía con la intención de ser su esclavo, su mejor esclavo. Mentí mirando a los ojos. Fingí ser un dulce, cuando terminaba siendo amargo en la boca de quienes me probaban. Pero todo lo que había entregado se me devolvió en una fría noche de invierno, extraña... al comenzar a nevar. (Rodsxger)